Esa tarde de silencio, de lluvia calma, me sorprendió la inesperada realidad.Tenía ante mis ojos, aquello que parecía perfecto…tan al alcance que me negaba a creerlo.Decente, honesto, amigable…lo reconocí desde un principio! siempre tan versátil y aventurero.
Al comienzo noté su lado positivo: optimista, intelectual y de gran ética.Por sobre todo, le reconocí lo auténtico. Sostenía su “religión” única y juzgaba con sus propias leyes; pero poco a poco, su optimismo lo volvió descuidado.
Una lágrima cayó cuando sentí que no me valoraba, ya no me cuidaba, había dejado de respetarme…y aún desconozco el motivo.
Mas de momento, y con necesidad , debo alejarme. Frenar el rio de sangre de esta dolorosa herida, que no fue provocada por usted, sino por mi remordimiento. Sí, remordimiento, porque todo lo que alguna vez creí conocer de su esencia resultó ser una inmunda máscara.
Todo cayó ante su superficialidad, jamás mencioné una palabra en mi defensa, simplemente recurrí al silencio, me entregué a la suerte, al destino, mejor dicho, a la nada. Me dejé llenar de la soledad nocturna…viendo mi vida derrumbarse, sin salida, sin rumbos ni esperanzas.
A mi juicio, la más sincera e indiscutible razón de mi devastación
es que nunca imaginé que detrás de mi poeta vanguardista, se encontraba el lazarillo de los bajos fondos,arrastrando consigo… mi preciada libertad.
miércoles, agosto 27, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario